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sábado, 26 de septiembre de 2009

Este Gobierno se la busca



Ah, si este Gobierno no se metiera con la ley de Medios. Si en lugar de querer dejar sin trabajo a Silvestre y Bonelli, y si en lugar de querer empobrecer a Magneto y a la señora de Noble, y a Vila y a Manzano; y si en lugar de hacer enojar al rabino Bergman y obligarlo a fabricar slogans pegadizos y tener que cambiarse continuamente los kipás caros para salir en el programa de Mariano Grondona, este Gobierno tendría una hinchada vip y no una hinchada camionera que ahora tiene. Y si en lugar de haber permitido esta Corte Suprema con jueces y juezas libertinos que en cualquier momento aprueban el casamiento de hermafroditas y dejan que la novia con bigotes se vista de blanco; y si no se metiera en revoluciones ajenas, de tipos con sombreros caribeños que para lo único que sirven es para retobar a los pueblos originarios que se mantuvieron mansitos tantos siglos. Y si no insistiera en cobrarle impuestos al Campo y en decirle a los tamberos cómo tienen que ordeñar las vacas. Si devolviera Aerolíneas Argentinas, y se retractara de haber estatizado las jubilaciones privadas. Para qué insiste este Gobierno en querer regular la economía que si se la dejara en libertad haría una Argentina grande y llena de inversores y de sojeros patrióticos. Este gobierno se la busca. ¿No le bastaba con los jubilados existentes, que triplicó la incorporación de nuevos jubilados?
¿Qué necesidad tenía de dejar que siguiera creciendo la cantidad de asaltantes y de violadores? Como dice Macri, este Gobierno se la pasa pensando algo perverso las venticuatro horas del día. Después que no digan que no se la busca. Ah, si este gobierno se dejara de molestar a la Iglesia con el libre consumo casero de marihuana, con el aborto delivery y con la persecución a sacerdotes que cumplieron con su deber durante la dictadura.
Y si no hubiera buscado nietos de desaparecidos que estaban lo más panchos, hoy cientos de nietos seguirían felices con sus padres adoptivos en lugar de ser pacientes de psicoanalistas. Qué bien que le iría a este Gobierno si no hiciera las cosas que hace. Y mejor aún le iría si se dejara de joder con esa idea del garantismo, para asesinos que deberían ser fusilados antes de costearles un juicio. Si no se hubiera encaprichado con las retenciones, hoy Cobos sería un vicepresidente tranquilo. Republicano.Y resolvería sus fantasías sanamente corriendo maratones.Y no habría tanta gula destituyente; y la oposición opositora recobraría la partícula “sí” en su lenguaje. Si este gobierno no hubiera querido controlar el dólar, hoy los argentinos volverían a estar felices y también felices estarían los devaluadores y los del Cema. Y los operadores que soplan el riesgo país porque a ellos el riesgo, los refresca. A lo mejor este gobierno se merece los enemigos que tiene. Porque paradójicamente son sus enemigos los que más lo mejoran.
Vínculo: http://orlandobarone.blogspot.com/2009/09/este-gobierno-se-la-busca.html

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Del Grito de Alcorta al chacarero multinacional



Cuatro analistas estudiaron las alternativas del conflicto planteado por las patronales rurales a raíz de la aplicación de las retenciones a las exportaciones. (Publicado en El Extremo Sur, Comodoro Rivadavia, septiembre de 2009)
por Gerardo Burton
geburt@gmail.com


NEUQUÉN.- Un análisis del conflicto entablado entre las patronales rurales y el gobierno de Cristina Fernández reúne a cuatro analistas con dos denominadores comunes: forman parte del plantel docente de la Universidad Nacional del Comahue e integran el grupo Carta Abierta en Neuquén, cada uno desde su militancia o adscripción política anterior y diversa.
Se trata de desentrañar las relaciones existentes en la sociedad argentina y en sus componentes en el período comprendido entre el 11 de marzo de 2008, cuando se anunció la resolución 125 que modificaba las retenciones a las exportaciones agrícolas.
El desenlace ocurrido meses después, con el voto no positivo del vicepresidente Julio César Cleto Cobos y el estudio de las acciones y posicionamientos de cada sector sirven de pretexto para tomar el desarrollo de la vida rural y campesina en la Argentina y la evolución de los modos de producción desde el Grito de Alcorta a la fecha y establecer las tensiones entre lo instituyente y lo destituyente.
El trabajo también estudia la composición de la población rural, cuáles son las unidades productivas según las variaciones impuestas por la economía mundial y su inserción en el desarrollo capitalista.
El análisis económico fundamenta, en primer término, la legitimidad de las retenciones a las exportaciones para generar protección del mercado interno, favorecer los procesos de equidad social y sostener las políticas estatales de estabilidad laboral y asistencia a sectores vulnerables y excluidos. Por último, se aborda una caracterización de la vida democrática en la Argentina en el reciente cuarto de siglo, a partir de la retirada de la dictadura cívico-militar y la restauración institucional.
El libro “El sector agropecuario. Evolución y conflictos recientes” contiene cuatro ensayos que fueron otras tantas exposiciones en encuentros de Carta Abierta en la capital neuquina: “De Francisco Netri a Alfredo de Angeli (las mutaciones del mundo chacarero)”, por el historiador Enrique Mases; “Cuando nos referimos al campo, ¿en qué campo pensamos?”, del sociólogo Demetrio Taranda; “Las retenciones y la política económica argentina”, por el economista Humberto Zambón, y “Política, democracia, partidos y lo destituyente en tiempos del conflicto”, por el también historiador y analista político Gabriel Rafart.
Fue publicado en junio de este año por Educo –la editorial de la Universidad del Comahue- y significó un importante aporte a la discusión ante la casi uniforme muralla ideológica de los medios de comunicación social, nacionales y regionales, en la materia.
Se estudian los contenidos de la democracia electoral, ejercida durante un largo lapso del período institucional posterior 1983, los cuestionamientos surgidos tras la caída del gobierno de Fernando De la Rúa en 2001 y la crisis posterior.
A los fracasos de una democracia meramente electoral que en lo económico coincide con una supuesta teoría del derrame de la riqueza se contrapone la iniciativa de los gobiernos de Néstor Kirchner primero y Cristina Fernández después, a la que se califica como “progresista de contenido nacional, popular y reformista”.
Ese impulso se traduce en la “decisión de apropiarse de un mayor porcentaje del ingreso nacional sin arriesgar la estabilidad macroeconómica”, según José Natanson, citado en el ensayo de Rafart.
La inercia de las políticas de Néstor Kirchner que conformaron las primeras acciones de la presidenta Fernández contribuyó a obstaculizar su gestión y entorpecieron el proceso instituyente. Pero no fue el único ni el principal factor.
En efecto, durante los tres primeros meses de su mandato hubo profundos cuestionamientos –el primero, por ejemplo, fue de Elisa Carrió cuando calificó el voto ciudadano y urbano y denostó el voto kirchnerista por supuesto clientelismo- que se reprodujeron y multiplicaron en los medios de comunicación social y por los periodistas alineados con esas empresas sin el menor juicio crítico.
Así, un conglomerado de “fuerzas políticas y sociales” –denominación que intenta poner forma a lo informe- reunió a los descontentos con el proyecto kirchnerista, el sector más conservador del justicialismo –Carlos Reutemann, Felipe Solá, Juan Schiaretti, entre otros-, sindicalistas –Luis Barrionuevo, Armando Cavalieri, Jerónimo Venegas- y la versión siglo XXI de la Federación Agraria Argentina con las entidades más conservadoras y antipopulares.
El sostén social de este movimiento fue el discurso de la antipolítica: existe en la clase media argentina y en una importante franja del empresariado la convicción de que los beneficios de la política económica se deben al “viento de cola” generado por las condiciones favorables del mercado internacional. Por eso, toda intervención estatal es sospechosa y molesta, y por eso, también el “partido del rechazo” se configuró de manera tan veloz.

sábado, 8 de agosto de 2009

Carta pública de Duhalde a Fernández Meijide


El secretario de Derechos Humanos de la Nación respondió dichos de Graciela Fernández Meijide sobre los desaparecidos. "A título personal", se denomina este escrito.

Le escribo esta carta pública a la madre de un detenido-desaparecido y a la integrante por muchos años del Movimiento de Derechos Humanos. Lo hago no como Secretario de Derechos Humanos de la Nación, sino como compañero de las luchas antidictatoriales. Por esta razón rompo mi norma de conducta de no polemizar en torno a un tema tan grave e inconmensurable como son las consecuencias del genocidio sufrido.

La opinión pública está acostumbrada a esfuerzos por disminuir la dimensión de la tragedia argentina, normalmente en boca de epígonos del terrorismo de Estado como Mariano Grondona o Cecilia Pando. De igual modo escuchamos cada tanto voces negacionistas del Holocausto que sostienen que no fueron seis millones los judíos inmolados por el nazismo, sino un número inferior como si la aberración criminal fuera una cuestión aritmética.

Distinto es su caso porque por historia usted no integra los cuadros de la barbarie.

Bastaría ver el regocijo que sus declaraciones han producido en quienes justifican el obrar del terrorismo de Estado para advertir las consecuencias enormemente graves de sus dichos que parten de un error esencial: el creer que existe algún registro fehaciente de la dimensión del crimen masivo de lesa humanidad perpetrado por las Fuerzas Armadas argentinas y sus socios civiles.

El único registro fehaciente de la cantidad de víctimas asesinadas, su identidad y destino final solo está en poder de los asesinos. De aquellos que mientras pregonan que su accionar fue "justo y en defensa de la patria" ocultan todo dato, sabiendo que su proceder fue abiertamente criminal.

Bien sabe usted que no hay un censo nacional completo sobre el número de víctimas y que éste es irremisiblemente aproximativo.

Usted como integrante de la CONADEP conoce el enorme esfuerzo que durante el lapso de los sólo ocho meses de vida de la Comisión se realizó para receptar testimonios de familiares de víctimas que accedieron a convertir en denuncia su dolor. Era el comienzo de la recuperación de la democracia, con los asesinos caminando por las calles y en libertad.

Concluido el trabajo de la CONADEP y finalmente depositado el fondo documental en la entonces Subsecretaría de Derechos Humanos, algunos familiares continuaron haciendo sus denuncias aunque ya no estaba la motivación de expresarse ante la Comisión. La euforia que precedió al juicio de los ex Comandantes dio paso a la decepción más absoluta con el dictado de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los posteriores indultos que aseguraron la impunidad de los criminales por más de 20 años.

¿Tenía acaso sentido que los familiares de los detenidos -desaparecidos que no habían hecho su denuncia ante la CONADEP concurrieran a seguir haciéndolo ante un Estado que protegía a los criminales? Cuando 20 años después las leyes de la impunidad fueron derogadas y declaradas inconstitucionales, ya era tarde. Muchos de los padres de las víctimas habían fallecido o la resignación ante lo inevitable había mermado sus fuerzas para hacer su denuncia.

A ello se suma que en alguna zona del país, aún en democracia, parte de los peores represores continuaron teniendo poder: como Bussi institucionalmente en Tucumán o Benjamín Menéndez fácticamente en Córdoba, prolongando la cadena de temor. En otras provincias como Chaco, Misiones o Salta donde poblaciones campesinas fueron víctimas del terrorismo de Estado, su condición de marginados sociales no favoreció su acceso a la Justicia.

Recién a partir del año 2004 con el fin de la impunidad, al amparo de las políticas públicas de Memoria, Verdad y Justicia, se incrementó el cotidiano goteo de nuevas denuncias que sigue hasta el presente.

En consecuencia tomar los registros parciales de la CONADEP y los posteriores a la Secretaría de Derechos Humanos como registros totales, es tan falaz y mentiroso como reducir el número de desaparecidos a la cantidad de restos óseos localizados, que apenas superan el número de 1000.

Lo dicho vale para explicar la parcialidad de la identificación lograda hasta el presente a través de las denuncias de los familiares. Tampoco ha servido la cuantificación de los familiares presentados, reclamando el beneficio de las leyes reparatorias, puesto que no todos los desaparecidos dejaron herederos forzosos y que parte de aquellos familiares rechazaron reclamar la indemnización hasta que no se supieran quienes fueron los autores del crímen y fueran condenados y los restos de su familiar fuera hallado.

Lo dicho explica por qué las cifras que usted utiliza son parciales y que por otra parte jamás fueron ocultados, puesto que usted las halló en la información on line del Estado argentino y obran también en la última edición del Nunca Más.

Concluido este aspecto cabe adentrarse en el número de 30.000 detenidos-desaparecidos convertido en consigna permanente no sólo del Movimiento de Derechos Humanos sino de vastos sectores sociales. La cifra no es arbitraria y es el producto de diversas variables:

a) La cantidad de sitios clandestinos de detención y exterminio, en todo el país, que superan el número de 500.

b) Las estimaciones sobre el número de prisioneros que hubo en los grandes centros de detención y exterminios como la ESMA, Campo de Mayo, La Perla, el Batallón de Tucumán, el Circuito Camps, El Olimpo, El Atlético, etc., ya que ellos solos superan con creces el número actual registrado en la CONADEP y la Secretaría de Derechos Humanos.

c) La estimación en torno al número proporcional de Habeas Corpus presentados en el país.

d) El número de integrantes de las estructuras militares afectadas a la represión ilegal durante todo el periodo dictatorial que superan los 150 mil hombres, activos a la caza de sus víctimas.

e) Los propios dichos de los militares previo al golpe de Estado, de que sus relevamientos efectuados con anterioridad, desde las escuelas hasta las fábricas, que indicaban en más de 30.000 las personas a eliminar (ver por ejemplo los dichos de un militar en la carta del escritor Haroldo Conti desaparecido el 5 de mayo de 1976, escrita previa al golpe y dirigida a Roberto Fernández Retamar de fecha 02 de enero de 1976).

f) Los informes de la Embajada Norteamericana al Departamento de Estado, haciendo constar que en el año 1978 los jefes de la dictadura argentina informaron a la DINA chilena que las víctimas alcanzaban ya el número de 22.000. Debe recordarse que la dictadura continuó en su labor represiva ilegal de secuestros y asesinatos por cinco años más con posterioridad a ese informe y que aquella cifra de 22.000 correspondía a solo los dos primeros años de la dictadura.

Todo ello hace que la cifra de 30.000 no sea ni arbitraria ni caprichosa. Aunque es lamentable reducir la dimensión de la tragedia argentina a un problema contable.

El carácter masivo, criminal y abyecto no se mide por un resultado aritmético, al menos para los que creemos que cuando se asesina un hombre se está asesinando a la humanidad.

No puedo dejar de referirme a sus expresiones de que contrariar la teoría de los dos demonios es un problema de "chiquitaje". Aquella perversa teoría no iguala como pareciera la responsabilidad de la violencia popular al terrorismo estatal, sino que en la medida en que sostiene que la violencia popular fue anterior a los crímenes de Estado, en definitiva se convierte en la teoría de un solo demonio, el de los sectores populares. Así se tergiversa, se miente y se oculta la verdad histórica de que a partir del Bombardeo de la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955 con sus 300 muertos, con los sucesivos asaltos al Estado y la proscripción política, con los fusilamientos de junio de 1956 y la Masacre de José León Suarez, con las cárceles llenas de presos políticos, con la aplicación del Plan CONINTES, con los asesinatos de militantes populares desde Felipe Vallese en adelante hasta llegar a la Masacre de Trelew, se generó una masiva, sistemática y criminal represión al pueblo argentino que se prolongó hasta la propia génesis del asalto al poder el 24 de marzo de 1976.

Por último, dice usted que los juicios a los militares no van a ninguna parte. Ello es un verdadero despropósito: la condena de las Juntas, de Camps, Menéndez, Bussi, Etchecolatz y tantos otros, no solo sirven para recuperar a la Justicia como una actividad fundante del Estado: ha servido para que la condena social al terrorismo de Estado sea irreversible y de encarnadura al "Nunca Más". Felizmente todos los días se avanza en los centenares de causas judiciales en trámite, con aporte de nuevas pruebas.

Es triste comprobar que usted pretenda ignorar todas estas circunstancias, aunque seguramente sus afirmaciones le asegurarán un buen éxito editorial para el libro que ha escrito.

Eduardo Luis Duhalde